Después del trabajo intenso con el bodegón, Elia me dio una tarea que, a primera vista, parecía sencilla:
“Dibuja una flor.” 🌷
Pensé: bien, algo más ligero.
Pero claro… había tarea con asterisco.

Una forma, dos técnicas
El ejercicio consistía en dibujar la flor usando dos técnicas distintas:
- una mitad con sombreado a base de líneas,
- la otra mitad con sombreado clásico, pero sin usar el dedo.
Y ahí empezó el verdadero aprendizaje.

Sombrear con líneas – paciencia en estado puro
La técnica de líneas (hachurado) consiste en crear volumen y sombra solo con trazos:
- líneas más juntas → sombra más intensa
- líneas más separadas → zonas más claras
- longitud, dirección y ritmo de cada trazo importan
No se difumina nada.
No se suaviza.
Cada línea cuenta.
Es una técnica que enseña muchísimo:
- control
- observación
- estructura
Pero también me di cuenta de algo importante:
no conecté con ella.

La otra mitad – difuminar y suavizar
La segunda parte debía hacerse con sombreado clásico, pero usando un difuminador:
- difumino / difuminador en español,
- blending stump en inglés.
¿Y por qué no usar el dedo?
Porque el dedo:
- deja grasa en el papel,
- ensucia el dibujo,
- da menos precisión.
El difuminador:
- permite controlar mejor el grafito,
- suaviza los tonos,
- ayuda a crear volumen y profundidad,
- mantiene el dibujo limpio.
Y ahí sentí que todo encajaba.

Un dibujo rápido, una decisión clara
La flor la hice bastante rápido.
Pero ya durante el proceso supe una cosa:
👉 prefiero difuminar que trabajar solo con líneas.
El hachurado no me atrapó.
No lo sentí como algo natural para mí.
En cambio, el trabajo con luces, sombras y transiciones suaves… eso sí.
Y ese fue un descubrimiento importante.
Porque este camino no es solo aprender técnicas.
Es también aprender quién soy cuando dibujo.
Y esta pequeña flor me lo mostró muy claramente.