Primeros pasos con pastel seco

Mi primer dibujo en color fue un salto enorme.

Era el momento que llevaba tiempo esperando.
Porque, en teoría, el color parece más fácil. Más intuitivo. Más agradable.

Nada más lejos de la verdad.

El color no es más sencillo

Muy pronto descubrí que trabajar con color significa:

  • más reglas,
  • más decisiones,
  • más cosas a tener en cuenta.

Y que el color no perdona más.
A veces, incluso exige más.

Ahí fue cuando entendí que:
no estaba pintando con pintura,
sino con pasteles secos.

Y eso cambió todo.

Los pasteles secos – un mundo nuevo

Los pasteles secos resultaron ser completamente distintos al lápiz.

Primero:

  • se deshacen,
  • sueltan polvo,
  • manchan manos, papel, todo.

Segundo:

  • también se difuminan,
  • también se trabaja la intensidad del color,
  • también se construyen capas, no resultados inmediatos.

No era poner color y ya está.
Era:

  • aplicar tonos suaves,
  • reforzar colores,
  • difuminar,
  • añadir capas,
  • retroceder, ajustar, equilibrar.

Un proceso totalmente distinto al grafito.
Más suave.
Más pictórico.
Pero también más exigente.

Capas, decisiones y paciencia

El gran descubrimiento fue entender que con los pasteles:

  • nada aparece de golpe,
  • el color se construye poco a poco,
  • el resultado final es la suma de muchas decisiones pequeñas.

Tuve que aprender:

  • a no presionar demasiado,
  • a no exagerar la intensidad,
  • a cuidar la relación entre colores,
  • a pensar siempre en la luz y el espacio.

Todo esto con un material que no tolera el caos.

El resultado: WOW

Y aun así… cuando miré el dibujo terminado, pensé una sola cosa:

WOW.

Para ser un trabajo con pasteles secos,
para mí fue algo increíble.

Es otra vista de un parque de Madrid.
Un lugar conocido, pero expresado de una forma completamente nueva.

Este dibujo me enseñó que:

  • el color no es un premio,
  • es otro nivel de aprendizaje,
  • y otra puerta que se abre.

Y que quiero seguir cruzándolas.