Mi primer bodegón

Mis primeras clases de arte fueron como aterrizar en otro planeta. Llegué con un cuaderno A3 y un montón de lápices, sin imaginar que en dibujo se usan tantos tipos distintos. Ese día descubrí que el lápiz más importante es el HB… pero que un HB de una marca puede ser completamente diferente al de otra. Un universo del que no tenía ni idea.

Pero este post no va de lápices.

Va de un momento que, sin esperarlo, me cambió por dentro.

Elia, de DiTrevi – mi maravillosa mentora en este camino del arte – colocó delante de mí un plátano, una naranja y una manzana. Los acomodó con calma y me dijo:

“Dibújalos.”

Y yo, por dentro, pensé:
¿Cómo voy a dibujar eso?
Si toda mi vida solo había dibujado formas simples: un cuadrado, un círculo, un cono, un cilindro. Nada más. ¿Cómo iba a atreverme con un bodegón?

Pero Elia sonrió y empezó a guiarme.
Paso a paso.
Con paciencia.
Con esa confianza en mí que a mí me faltaba, pero que ella sí veía.

Así descubrí que sí podía.

No sabía sombrear.
No sabía cómo dar volumen para que el plátano no quedara plano sobre el papel.
No sabía cómo plasmar lo que realmente estaba viendo.

Y, de repente… el universo se abrió.

Las luces comenzaron a tener sentido.
Las sombras también.
Los objetos empezaron a respirar en la hoja.

Lo logré.

Y hoy, cuando miro esa foto de mi primer bodegón, no veo solo frutas.
Veo un camino.
El mío.
Y todo lo que ya avancé.

Naturaleza muerta a lápiz para principiantes bodegon