El mar, las olas y el descubrimiento de que no son azules – todo con pasteles

El siguiente dibujo en mi camino fue el mar.
Las olas.
Y uno de los mayores descubrimientos hasta ahora:

👉 las olas son verdes.

Tendrías que haber visto mi cara cuando Elia me dijo que usara verde para pintar las olas.
En mi cabeza era obvio:
el mar es azul.

Nada más lejos de la realidad.

Un color que rompe esquemas

Fue otro momento en el que mis ideas preconcebidas chocaron con la observación.
El mar no es de un solo color.
Las olas no son planas.
En el agua se reflejan la luz, el cielo, la arena, la profundidad y el movimiento.

El verde aparece donde el agua es más densa, más profunda, más viva.
Y de repente todo empezó a encajar.

Pintar una ola como forma de calma

Este dibujo me resultó muy relajante.
Pintar las olas fue casi meditativo:

  • el ritmo,
  • la repetición,
  • la fluidez.

Disfruté especialmente pintando el agua espumosa y la playa.
Ahí empecé a profundizar en nuevas técnicas con los pasteles:

  • trabajar por capas,
  • difuminar,
  • retirar color,
  • construir la espuma sin dibujarla de forma literal.

Y, como siempre… terminé completamente cubierta de polvo de pastel 😅

La espuma, la luz y más planificación

Conseguir el efecto de la espuma fue todo un reto.
No era simplemente usar blanco.
Era:

  • planificar,
  • respetar la luz,
  • quitar color en lugar de añadirlo,
  • decidir dónde la ola se define y dónde se disuelve.

Y una vez más entendí algo que se repite en cada obra:

Cada dibujo necesita mucha más planificación de la que parece.

Nada ocurre por casualidad.
Ni siquiera una ola.

Un dibujo que me acompaña

Me gusta mucho este dibujo.
Por la calma que me dio.
Por lo que me enseñó.
Y porque, una vez más, me recordó la importancia de confiar en el proceso — incluso cuando ese proceso me pide usar verde donde yo esperaba azul.